jueves, 28 de octubre de 2010

Artículo: Día de los Difuntos. Recuerdos, Respeto y Fé


Con motivo de la festividad de los Difuntos que estos días conmemoramos, dejamos un artículo de nuestro querido amigo José César Molina Brito

Me pide mi amigo, Pablo Borrallo, que elabore unas líneas que configuren el articulo, que ahora ustedes han comenzado a leer a través de este blog que deja en el mundo informativo, una importante ventana, en este caso, a la información cristiana y también porque no, cultural, en la que cada integrante de la hermanad que protagoniza la misma, reza en un silencio intimo y hogareño , su particular oración en el Huerto de Getsemani que ahora en pleno siglo XXI , aun sigue teniendo fuerzas suficientes para mantener, como siempre me gusta decir, en este caso escribir, el mayor de los ejércitos posibles, es decir, el ejercito cristiano, marcado por las armas de la fe y la palabra.
Mi amigo Pablo, como si fuera un mensaje contundente y prácticamente telegráfico, me indica: Quiero me escribas sobre la Fiesta de los Difuntos. Indudablemente, no es agradable, por ello, parece hasta contradictorio que se llame fiesta, entre otras cosas porque durante esos días, probablemente la fechas del año junto a la celebración de la fiesta con motivo de la Natividad. Son las más intimas y familiares. Que contraste, verdad, en una, nos invade la melancolía y cierta tristeza cuando recordamos a los seres queridos, que fueron llamados por Dios. Y en la otra, combatiendo con la alegría en la conmemoración del mayor acontecimiento, que vivió jamás la humanidad.
El acontecimiento, que cambió por completo, precisamente, la historia de esa humanidad como es el nacimiento de Jesús, nos llena también de melancolía, al no tener a los seres queridos. La festividad de los difuntos, desde hace tiempo, y sin duda alguna ayudada por el boom turístico, que pese a la situación económica que vivimos,
(Ha podido bajar algo) pero mantiene, su movimiento turístico, sirve para eso, para disfrutar de unos días de vacaciones. Tal vez, también para acudir a la ciudad, o al pueblo, donde descansan eternamente los seres queridos. En esa tierra que los vio nacer. En esa tierra, que los vio desarrollarse. En esa tierra, donde fue testigo, la misma, de los enlaces matrimoniales, de la alegría por le nacimiento, en el mas hermoso acto que jamás se puede vivir, el nacimiento de un nuevo e inocente ser humano, convertido en el fruto del amor compartido. En esa tierra, que ahora acoge su cuerpo físico , mientras que su alma cristiana, se encuentra junto a Dios, para recordar lo que Jesucristo, en su agonía , allá en el Monte Calvario, le dejo al buen ladrón , “ en verdad te digo, que hoy estarás conmigo , en el Reino de los Cielos “. Y en ese reino celestial por cierto, el mas poderoso y grandioso reino, que jamás pueda existir, están las almas de nuestros seres queridos, esos, que, y centrándome geográficamente en mi amado pueblo, el que fue bautizado por las aguas del Río Chanza, como Cortegana, reposan ahora, en una paz inigualable en el Camposanto corteganés. Es entonces ¡señores ¡ el momento grato de los recuerdos, cuando rememoramos, en nuestra memoria y en nuestro corazón los acontecimientos más agradables vividos con el ser querido, que ahora forma parte del ejército de Dios. Es el momento de recordar la cena familiar.

La celebración del cumpleaños del abuelo, que con cierta emoción en el tono de su voz y en el brillo de sus ojos, le gustaba contar a sus nietos, como era aquella Cortegana cuando el mismo, vivía con plenitud su juventud. Es el momento de recordar las celebraciones conjuntas cuando cada 8 de Septiembre recibíamos con una gran borrachera de alegría, el mensaje que, Nuestra Señora de la Piedad, nos quiere lanzar. En esta fiesta, cuando pretendemos degustar con la mayor lentitud posible para que nos quede sus sabores, casi durante todo el año, en nuestro paladar, las castañas, da igual que sean asadas o cocidas, las nueces o los higos pasados, cuando nos damos cuenta, que también son los días de máximo respeto, cuando acudimos al Sagrado Camposanto y establecemos delante del lecho de nuestro familiar (Dios mío, cuantos recuerdos me trae) ese dialogo intimo y profundo. Para contarle los sentimientos que aun quedan y quedaran para siempre en nuestro corazón, que los ángeles de Dios, en forma de carteros celestiales llevaran nuestro mensaje.
Y como no, también debemos de darnos cuenta que en esos días, son días en la que la Fe cristiana incrementa, como un índice bursátil, su protagonismo. La fe cristiana, que nos ayudara a llevar un poco mejor la cierta tristeza que inevitablemente nos inunda durante esas jornadas. La Fe de amor al ser querido. O la fe que en el Camposanto de Cortegana, recibimos solo con cruzar su puerta, para encontrar en ella, la humildad de un Cristo que tuvo eterna paciencia. Y la imagen morena de una belleza de mujer que en la imagen mariana, recibe el nombre de Esperanza.

Es ahora el momento, para ir bajando el telón a este articulo , de recordar lo que en mi Pregón – Exaltación a Nuestra Señora de la Piedad , dejé públicamente , para volver a escribir como ya hice en los folios inmaculados, que de alguna manera dan calor, a las palabras y versos del citado pregón : “mi corazón, Virgen de la Piedad, llegado a este punto de mi pregón, me decía en un susurro, suave y delicioso que es el momento de poner el punto y final a mis palabras…Para finalizar, mi particular procesión con una humilde petición, es que cuando el recorrido de mi camino allá llegado a su final. Te pido que venga a descansar eternamente al Camposanto de mi amada Cortegana, para que así pueda estar más cerca de Ti”. Porque esa es otra inmensa alegría que reciben los familiares de los difuntos de Cortegana, son conocedores de que estarán junto a la más bella mujer, que pisa este pueblo serrano, para convertirse en costaleros de su paso. En la encargada de ponerla guapa, en la mujer, que adornan su paso celestial. Esa es la gran alegría, y esperanza, que recibe el corteganés cuando alcanza la plenitud del cielo serrano, para contemplar con la eterna paz, el bello rostro de nuestra Patrona. Decidme pues, ¿acaso puede recibir una mejor compañía eterna? Sinceramente, yo al menos creo que no.
La Hermandad